DANIEL
Finjo seguir leyendo los correos que abrí hace unos minutos antes de que entrará mi madre a mi oficina. Su parloteo no me deja concentrarme.
—Madre —suspiro —No te estoy echando, pero tengo mucho trabajo que hacer.
—Por supuesto que me estás echando, no grosero, pero lo haces —replica ofendida tocándose el pecho —Solo he venido a decirte que a esta cena tienes que asistir, sí y sí.
Me recuerda la dichosa cena con sus amigos y los de mi padre, ¿para qué?, no sé y tampoco le preguntaré por