AUDREY
—Nel, no hacía falta que me acompañaras, ya has hecho mucho —asevero resignada.
Qué ganaba con reclamarle, al final siempre se salía con la suya, y yo siempre tenía que ir agregada a sus artimañas.
—Ya, no te quejes, mejor sonríe para que te vea radiante tu sexy cita —trata de animarme, pero es inútil.
—Si tanto te gusta, pues sal tú con él —hago un gesto de mal gusto.
—Ya, silencio —me da un ligero golpe en el brazo —Anda, ya entra, debe estarte esperando. En la entrada solamente pregunt