AUDREY
Mi ritmo cardíaco se aceleró en cuanto sus ojos se encontraba con los míos. No podía adivinar si estaba molesto y ofendido por mi insulto, tampoco es como si hubiera sabido que era él.
No sabía que responder a la duda que expresó, me sentía nerviosa como cada vez que lo tengo enfrente de mí. ¿Cómo es que iba a continuar trabajando con él si me ponía de esta forma cuando lo miraba?
Por Dios, estoy perdida.
Pero en vez de decir algo, hui. Si hui de ahí y dejé plantado a mi jefe en ese pasil