Después de la inyección, Rubí empezó a sudar. Marcus le secó el sudor con una toalla. Pasaron más de dos horas hasta que la fiebre comenzó a ceder. Durante ese tiempo, ella se despertó dos veces, apenas consciente, para beber agua.
Ya entrada la noche, Marcus se preparaba para dormir en la silla junto a la cama, pero apenas se movió, Rubí le tomó la mano con una voz ronca:
—No te vayas…
Él se detuvo, sorprendido. Sintió cómo el cuerpo de Rubí se relajaba al tocarlo. Sin decir nada, se sentó al