Después de preguntar por el estado de Leonardo, Elliot guardó silencio y se dedicó simplemente a comer, sin mostrar ni una pizca de vergüenza. De vez en cuando, intercambiaba algunas palabras con Sabrina e intentaba animarla, y lo consiguió. Aunque había estado deprimida todo ese tiempo, una leve pero genuina sonrisa apareció en su rostro.
Rubí y Marcus los observaban desde cerca. Al principio no pensaron mucho en ello, pero poco a poco quedaron impresionados. Tuvieron que admitirlo: la alegría