Su mirada era intensa, seria. No parecía estar mintiendo. De hecho, parecía más peligroso por la fuerza de sus sentimientos.
Rubí no supo qué responder. Los sentimientos de Elliot eran tan intensos que la intimidaban. No sabía cómo lidiar con eso.
Elliot sonrió con tristeza. Frunció las cejas mientras la miraba y dijo con impotencia:
-Rubí, aunque no creas en el amor verdadero, aunque no confíes en mí, me gustas. No te estoy mintiendo. Quiero estar contigo. Sí, hay razones que no puedo decirte