Sin embargo, nada sucedió durante las siguientes dos o tres horas después de la segunda irregularidad en el ritmo cardíaco.
En momentos así, uno podría desear que ocurrieran algunos problemas menores, porque tal vez tener algo en qué enfocarse era mejor que esta ausencia total de señales.
Esa falta de vida era mucho más preocupante.
Era tarde, pero nadie tenía sueño. Al contrario, el tiempo parecía correr cada vez más rápido. El sonido del despertador, combinado con el zumbido de la respiración