Cuando Marcus comenzó a caminar, Rubí se removió ligeramente. Había sentido el movimiento. Abrió lentamente los ojos, miró a su alrededor y murmuró:
-¿Ya estamos en casa?
-Sí, ya llegamos -asintió Marcus con una sonrisa, y le susurró-. Duerme tranquila, te llevaré arriba.
-Está bien... -Rubí asintió con un hilo de voz. Estaba agotada. Había bebido vino, había saludado a tantos invitados y se había mantenido de pie todo el día. Ya no le quedaban fuerzas. Al escuchar a Marcus, volvió a cerrar los