No usaba palabras elegantes. No estaba siendo superficial. Hablaba desde el corazón.
Rubí no pudo evitar sonreír con dulzura. Escribió de inmediato:
Esposo, te amo.
Pensó que la conversación terminaría ahí. Justo cuando buscaba una excusa para irse de la fiesta, su teléfono volvió a sonar. Era Marcus:
Esposa, yo también te amo, más que a nada. Tengo la suerte de estar contigo en esta vida.
—Oh... —susurró Rubí.
El mensaje estalló en su pecho como fuegos artificiales. Su corazón latía con fuerza