Extendió su mano y colocó la de Rubí en la de Marcus, dándosela con plena confianza. Marcia asintió suavemente, sonriendo sin decir nada.
Rubí, por su parte, había dejado volar su imaginación. Apenas regresaba a la realidad cuando escuchó a Marcus reír y decir:
—Por supuesto que debo proponerle... pero en privado. Debería pedirle a Rubí que se quede conmigo aún más.
Antes de que alguien entendiera lo que quería decir, Marcus aplaudió de repente y anunció:
—Pueden traer al joven maestro.
Todos s