Mundo ficciónIniciar sesiónPero Marcus la interrumpió con seriedad:
—A mi esposa le gusta mi cara. Eso es lo más importante.
—¿Eh? —Rubí parpadeó, sin comprender del todo.
—A mi esposa le gusta mi rostro, dice que se ve bien. Así que no puedo dejar que se dañe. Además, no quiero que haya heridas visibles el día de la boda. Cuando tomemos fotos, no quiero que ella tenga ningún arrepentimiento.
Se inc







