—Marcia… —Rubí apretó los puños con fuerza, sus ojos llenos de indignación y un dolor difícil de ocultar—. Puedes olvidarlo. —Su voz temblaba de rabia contenida mientras rechinaba los dientes—. No pienso dejarte ir.
—¿Qué? —Marcia palideció al instante, el pánico empezando a apoderarse de ella—. ¡No, Rubí! ¡No puedes hacer esto! ¡Me lo prometiste! Dijiste que me dejarías ir, ¡lo juraste! ¡Maldita perra, estás celosa! ¿Te molesta que yo esté embarazada de Erick? No te preocupes… tú también podrí