—Estoy asustada. Sigo sintiendo que nos están espiando. Vamos, regresemos y durmamos un poco —apretó con fuerza la mano de Marcus. Cuanto más hablaba, más nerviosa se sentía.
—Está bien —cedió Marcus finalmente—. Pero antes de dejarte llevarnos, miró hacia el bosque con una expresión extraña—. No tengas miedo, no va a pasar nada malo.
Aunque Marcus era su mayor fuente de consuelo y Rubí sabía racionalmente que no había nada que temer, el miedo en su corazón crecía como si escapara a su control.