Sus manos rozaron la cintura de Marcus mientras buscaba cómo apretar el cinturón correctamente.
Antes de pedirle ayuda, Marcus parecía molesto, pero al sentir a Rubí tan cerca y percibir la leve fragancia del gel de ducha en su piel, cambió de opinión.
De repente, extendió el brazo y tiró de ella con fuerza.
Rubí no estaba preparada y se golpeó contra su pecho. Le dolió la punta de la nariz y, de repente, rompió a llorar.
Marcus bajó la mirada y vio las lágrimas en su rostro. Por un instante, se puso nervioso.
—¿Qué pasa? —preguntó apresuradamente, tratando de contener sus emociones, aunque su voz sonaba algo temblorosa.
—Marcus, me lastimaste. Mi nariz está a punto de romperse —dijo Rubí, molesta.
Marcus quedó paralizado un momento, luego extendió la mano y le frotó suavemente la punta de la nariz, sin saber qué decir.
Marcus entrenaba en el gimnasio todos los días, lo que explicaba su pecho firme y musculoso. La punta de la nariz de Rubí había chocado contra él y realmente le dolió.