Rubí se rió.
—¿De verdad papá dijo eso?
—¡Sí! —asintió Dylan con firmeza—. Y creo que tiene razón.
La criada ya había preparado su ropa y la había dejado doblada sobre el sofá al pie de la cama. Dylan se dirigió allí y comenzó a vestirse con movimientos seguros y familiares.
Rubí lo observó. Le causaba ternura ver lo bien que se manejaba solo. No pudo evitar sonreír y preguntarle:
—Dylan, ¿has hecho nuevos amigos en la escuela últimamente?
Dylan frunció ligeramente el ceño.
—Sí, pero todos son