—¿Ir al hospital? ¿En realidad?— Rubí frunció el ceño y dijo: —¿Tengo que...?
—Te daré un medicamento para estabilizar al feto y calmar tu mente.
La hospitalización no es necesaria, pero debes recuperarte en casa.
Recuerda, no te vuelvas a caer ni hagas ningún ejercicio intenso, de lo contrario... el bebé no se salvará. ¡Incluso una caída como la de hoy no servirá!— El comportamiento y el tono de voz del doctor parecían muy serios.
Después de una breve pausa, el médico miró a Rubí con seriedad y habló con severidad: —Si eres descuidada y vuelves a sufrir algún golpe en el estómago... es posible que tu hijo no sobreviva—.
Las palabras del médico hicieron que Rubí finalmente se diera cuenta de lo grave que era el asunto. Su expresión se volvió seria mientras asentía con la cabeza al doctor. Ella respondió: —Entiendo. Tendré mucho cuidado. Gracias, doctor—.
El médico se rió entre dientes y dijo: —No te estreses. Todo lo que tienes que hacer es tener cuidado. Pronto serán tres meses. Desp