Al oír eso, Rubí sintió que el peso en su pecho se aligeraba.
Pero enseguida, el semblante de Tobías se endureció. Su voz adquirió un matiz de indignación contenida:
—De cualquier forma, no vuelvas a dejar que la familia Maxwell te intimide. ¿Cómo se atreve ese viejo, Dereck, a tratar así a mi hija? Es realmente abominable.
Rubí bajó la cabeza, sin decir nada. En su corazón, sin embargo, no pudo evitar pensar que gran parte de lo ocurrido también se debía a Dylan. Con lo poco que Dereck la sopo