Dylan tampoco mostró demasiado interés. Miró a Serena y, con una seriedad que desarmaba, dijo:
—Gracias por su amabilidad. Mi mamá dice que los niños no deben comer muchos dulces, así que no, gracias.
Serena sonrió y, con ternura, se agachó para acariciarle suavemente la mejilla.
—Qué niño tan educado —comentó—. Le has enseñado muy bien —añadió, dirigiéndose a Rubí con una sonrisa genuina.
Rubí soltó una breve carcajada.
—Gracias por el cumplido. Nos vemos luego —respondió con amabilidad, y ens