—No. Quiero el 15 % —respondió Rubí, negando con la cabeza sin vacilar.
Sabía perfectamente lo que eso significaba: con ese porcentaje, si en algún momento ella decidía oponerse a las decisiones de su padre, él ya no tendría el control absoluto sobre las finanzas de la familia. El poder de Efraín se vería limitado. Y eso era justo lo que necesitaba.
Eva intervino rápidamente, intentando suavizar la situación.
—Rubí, si haces eso, tu padre quedará en una posición vulnerable. Acepta el 10 % por a