Rubí suspiró con impotencia.
—Dan, créeme cuando te digo que ninguna otra solución es mejor que esta. Escúchame. Soy la dueña del restaurante, así que también quiero que nos vaya bien.
Al escuchar esto, Dan asintió con resignación.
—Está bien, saldré a disculparme después de organizar lo necesario.
A Dan le dolía un poco la cabeza. ¿Cómo era posible que cada decisión que tomaban pareciera un riesgo enorme?
Después de colgar, Rubí recibió un mensaje de Marcus. El contenido era simple, pero recon