Sus ojos estaban llenos de impotencia y horror. Al ver la expresión en el rostro de Rubí, Marcus sintió que su corazón se helaba. ¿Cómo podía ella pensar que él era capaz de algo así? Extendió la mano y le pellizcó la barbilla. Para Rubí, su rostro, perfecto y hermoso, se volvió hechizante y diabólico.
—Si te dijera que esas cosas no las di yo, que la muerte de mi hermano mayor y de mi cuñada no tuvo nada que ver conmigo, y que todo fue plan de esa mujer… ¿me creerías?
El dolor en su barbilla l