-¿Por qué? ¿No tienes hambre? -preguntó Sherry, mirándola con expresión esperanzada.
Cabe mencionar que el entusiasmo de Rubí por su comida siempre había sido un motivo de orgullo para ella. Cada vez que Rubí visitaba, Sherry se esmeraba en cocinar. Por eso le costaba ver que ahora no quisiera comer nada.
Rubí negó con la cabeza.
-No es eso. No sé qué pasa hoy... simplemente no tengo ganas de comer nada dulce.
-¿Hmm? ¿Entonces qué te apetece comer? -preguntó Sabrina.
Al ver los ojos expectantes