Rubí aparcó el coche y subió al último piso acompañada de un pequeño grupo de sus hombres más confiables. Aunque el número era reducido, había organizado una protección anticipada y emboscada por si se presentaba alguna situación inesperada.
Craig, por supuesto, había hecho lo mismo.
Al llegar, vieron que Craig no había traído mucha gente. Solo unos pocos hombres lo esperaban en la entrada de la casa de té y frente a la sala VIP. A simple vista, parecía una inocente tarde de té entre un tío y s