Su tono era lastimero, profundamente dolido.
Al final, muchas cosas en la vida parecían estar predestinadas.
Y lo más cruel... era que no podían hacer nada para cambiarlo.
Tenían que aceptarlo.
Reducir el riesgo al mínimo.
Y seguir adelante... aunque su alma sangrara.
Al principio, Rubí no esperaba tener tres hijos. Había pensado que solo tendría uno.
Pero ahora... ¿qué había pasado?
Tenía un hijo más.
Debería sentirse satisfecha. El cielo le había dado un bebé adicional.
Debería estar feliz de