Cuando salieron del ascensor, llegaron al primer piso de la casa de Serena. Apenas se abrieron las puertas, vieron a Dylan esperando ansiosamente, flanqueado por dos guardias de seguridad de los Maxwell. El rostro del pequeño, bello y expresivo, mostraba una profunda preocupación. Al ver que Rubí y Marcus salían ilesos, soltó un largo suspiro de alivio. Pero un segundo después, corrió hacia ellos y se lanzó a sus brazos, con el rostro triste y los ojos brillantes por las lágrimas contenidas.
-¡