GABRIEL DE LA VEGA
Me encontraba paranoico; desde esa llamada sentía que no podía estar tranquilo.
Silvina escapó del lugar donde la tenía. Al escucharla en la llamada podía notar que todavía estaba muy desquiciada. Al menos me dio algo de tranquilidad que ella no mencionó a Isabella o a Sofi; quizás aún no sabe nada.
Luego de que Isabella se fuera, me quedé tranquilo porque se fue para México, pero con Sofi decidí dejarla con unos hombres de seguridad.
—Buenos días, hermano.
—No le veo nada de