A pesar de todo lo que había dicho en el ascensor, en el momento en que Daniela entró en la sala de reuniones, sus pasos se detuvieron por un instante.
Como siempre, la sala estaba llena, pero esta vez, los ejecutivos no estaban revisando archivos ni desplazándose en sus teléfonos; su atención estaba fija únicamente en ella, sus miradas llenas de ese tipo de expectativa que hace que la duda se deslice un poco por la espalda.
Sus dedos se tensaron alrededor de su portátil por un segundo antes de