Daniela llegó al lugar diez minutos antes del mediodía, sin embargo, no salió del coche de inmediato.
En cambio, permaneció sentada detrás del volante, mirando fijamente el edificio frente a ella con un ceño cada vez más profundo. El Jardín Botánico de Marbella normalmente era conocido por sus senderos tranquilos y algunos visitantes ocasionales disfrutando de la vegetación, pero hoy el lugar parecía casi desierto.
Desde afuera, apenas veía a nadie.
Un solo trabajador de mantenimiento empujaba