Doce años.
Ese era el tiempo que Alejandro había conocido a Jimena Sanders.
Tres de esos años los había pasado simplemente observándola desde la distancia—en los pasillos de su escuela, mucho antes de que algo se dijera entre ellos.
Recordaba la primera vez que ella lo trató de manera diferente a todos los demás. No con la habitual cortesía cautelosa reservada para el nombre Montemayor, sino con algo que en ese momento le había parecido genuino.
Y así comenzó a notar cosas.
Cosas pequeñas.
La f