Las palabras quedaron suspendidas en el aire.
Por un momento, Daniela no dijo nada.
Lo observó—observó la forma en que sus hombros se hundían, la manera en que su orgullo había sido despojado hasta ese núcleo crudo y humillante.
Una vez, este había sido un hombre que le prometió para siempre. Un hombre que la miraba como si ella fuera el centro de su mundo.
Ahora estaba inclinando la cabeza, disculpándose por una molestia.
Sus dedos, descansando en su regazo, se cerraron en un puño lento y firm