La asistente dudó por una fracción de segundo apenas perceptible.
Su mirada pasó del vino que se extendía por el suelo al rostro de Alejandro. Luego a Daniela. Después, con reticencia, a la parte trasera del restaurante donde estaba Bruno, limpiando una mesa como si lo hubiera ofendido de mil maneras.
“Señor…” empezó la asistente con cuidado. “Ese camarero ya ha sido advertido. Enviaré a otra persona de inmediato.”
Alejandro no alzó la voz. Ni siquiera la miró.
“Envíelo a él”, repitió con calma