Lucià quedó absolutamente atónita.
Por un momento, el mundo a su alrededor pareció difuminarse, las luces brillantes del salón del banquete desvaneciéndose en nada más que ruido blanco. Parpadeó una vez. Luego dos. Lentamente, su mirada se arrastró entre Alejandro y Daniela, como si sus ojos intentaran reconciliar dos realidades incompatibles.
“¿E-esposa?” balbuceó por fin.
La palabra sonó extraña en su boca. Incorrecta. Incluso imposible.
Sus cejas se fruncieron, la incredulidad recorriéndole