Después de salir de la oficina de Alejandro, con la guía de Paloma, Daniela caminó hacia el área de juegos de Sebastián: un espacio pequeño pero cuidadosamente organizado, ubicado justo fuera del comedor y separado por una partición de vidrio transparente.
La luz del sol entraba a raudales por las altas ventanas, reflejándose en el suelo pulido e iluminando el caos colorido del interior: autos de juguete esparcidos sobre una carretera en miniatura, bloques apilados de forma desigual y una elabo