Contra su buen juicio, Daniela se encontró poniéndose de pie.
El simple movimiento hizo que la habitación se inclinara. Se tambaleó ligeramente, agarrándose del brazo del sofá antes de humillarse cayendo de bruces al suelo.
La risa de Teresa resonó en algún lugar detrás de ella, pero Daniela la ignoró. Se concentró en una sola cosa: poner un pie delante del otro mientras se dirigía hacia la puerta.
A mitad de camino, otro golpe sonó de nuevo, más firme esta vez, y su corazón dio un doloroso salto.
"Está bien", murmuró, aunque no estaba segura de si lo había dicho en voz alta o solo lo había pensado. "No hay manera de que haya venido hasta aquí."
Avanzó tambaleándose hacia la puerta, sus pies descalzos rozando las baldosas frías. Cada paso se sentía más pesado que el anterior, como si la gravedad hubiera decidido pelearse con ella esa noche o quizá… ese era el efecto secundario de varias tazas de alcohol.
Cuando llegó a la puerta, sus dedos se quedaron suspendidos sobre el picaporte. P