Daniela tenía dos preguntas.
La primera era: ¿por qué demonios estaba en una reunión que claramente no tenía nada que ver con ella?
Y la segunda: ¿por qué Alejandro no había dicho absolutamente nada hasta ahora?
Ni preguntas ni miradas extrañas. Después de un encuentro como aquel, cualquiera de las dos cosas era de esperarse.
Sin embargo, no había ocurrido ninguna. Y eso la hacía sentirse más nerviosa que su mirada o su silencio juntos.
Mordiéndose el labio inferior, su mirada se deslizó hacia