Daniela contuvo la respiración en el momento en que sus ojos se posaron en él: el atractivo desconocido tatuado con quien había tenido una aventura de una noche…
¡La persona a la que le había entregado su virginidad!
Su corazón se detuvo al instante y luego volvió a latir con una fuerza tan brutal que le dolía contra las costillas y era tan ruidoso que estaba segura de que la gente a su alrededor podía oírlo.
¿Pero acaso importaba si podían?
El error en el que no había pensado en toda la semana estaba justo frente a ella… ¡en su lugar de trabajo!
Inconscientemente, dio un paso atrás, sus tacones raspando suavemente el suelo de baldosas.
Ahora mismo, no deseaba nada más que desaparecer antes de que él—
Alejandro cruzó miradas con ella antes siquiera de que pudiera pensar en llevar a cabo su misión.
De inmediato, se tensó y todo pareció detenerse, disolviéndose a su alrededor.
Las charlas, los chillidos, el zumbido del aire acondicionado… desaparecieron. Solo estaba él, de pie al frente