Daniela contuvo la respiración en el momento en que sus ojos se posaron en él: el atractivo desconocido tatuado con quien había tenido una aventura de una noche…
¡La persona a la que le había entregado su virginidad!
Su corazón se detuvo al instante y luego volvió a latir con una fuerza tan brutal que le dolía contra las costillas y era tan ruidoso que estaba segura de que la gente a su alrededor podía oírlo.
¿Pero acaso importaba si podían?
El error en el que no había pensado en toda la semana