—¿Cómo ponerme? —Preguntó. —Te embaracé porque me di cuenta de que estabas tomando brebajes para evitarlo. —Frunció el ceño. —Nuestros hijos ya van para ocho años, ¡Tardamos mucho! Un Dios como yo debe tener tantas descendencias como se pueda. Estos buenos genes no pueden desaprovecharse. —Eir suspiró, es un tonto, pero ama a ese hombre en todas sus versiones.
—Ven aquí. —Tiró de él para abrazarlo. —Estoy irritada, incómoda y con ganas de parir de una buena vez, ¿Cómo pretendes que piense en es