De más está decir que Giselle está como agua para chocolate, hirviendo de la rabia y casi echando humo por las orejas. Pero se la va a cobrar de la mejor manera que se le ocurre. No entiende cómo un hombre en poco más de una hora pudo terminar así de ebrio, pero lo que menos logra comprender, es qué o quién lo puso así.
Lo oye balbucear palabras ininteligibles y eso le causa algo de gracia. Al menos no es de esos borrachos llorones, sino de los divertidos.
Al llegar al estacionamiento, lo tira