Permanecí en ese lugar un par de horas, hasta que decidí salir. Subí a la camioneta del convento y me puse en marcha. Roman había estado llamando insistentemente, pero al menos me dio mi espacio y no vino hasta aquí para buscarme; sin embargo, estaría bueno que lo hiciera.
En ese momento, otro llamaba entraba, y cuando vi su nombre en la pantalla, sonreí por instinto para después contestar.
— Hmm — Solo eso di como respuesta.
— ¿Cómo que hmm? ¿Has visto la hora, pajarita? Ya se hizo noche y aun