46 - Confesé que la amo.
Una sonrisa desafiante se curvó en mis labios mientras miraba a Saúl, quien apenas podía contener una carcajada. La situación era casi cómica, y aunque sabía que debíamos mantener la compostura frente a la Madre Superiora, la tentación de romper en risas era casi irresistible.
La voz serena de la Madre Superiora cortó el aire, interrumpiendo nuestro momento de diversión.
— Danishka, por favor, guía a nuestros huéspedes a sus habitaciones en el extremo este del convento – ordenó con autoridad.