39 - Soledad.
DANISHKA.
Salí de la habitación del hospital con la firme convicción de que ya no pertenecía allí. Mis pensamientos giraban en torno a mi próxima misión, a la tarea que había aceptado con la determinación de proteger a los refugiados y, especialmente, a los niños del orfanato cercano. Apreté los labios con determinación, dispuesta a cumplir con mi deber a pesar del dolor persistente en mi pecho.
La primera imagen que captaron mis ojos al salir fue la de Roman, conversando animadamente con Saúl.