Capítulo 28. Un atisbo de esperanza.
Fabricio se encontraba parado en la entrada del hospital de la Santísima Trinidad esperando a Bianca, tenía muchas ganas de verla. Ya no era la jovencita asustada del pasado, se había transformado en una mujer maravillosa cuyo carácter se había forjado en el dolor. Lorenzo y él habían sido amigos toda la vida, pero en ese momento su mejor amigo no le caía muy bien, porque se estaba comportando de manera horrible con Bianca y se estaba aprovechando de las carencias y necesidades de la chica.
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