Capítulo 8 Voto de confianza
Ya tarde en la noche de ese día, Leónidas regresó a lo que llamaba su refugio.
Como siempre, pasó primero por la habitación de los niños. Los contempló dormidos desde el marco de la puerta. Al principio, él les había asignado una habitación diferente para cada uno, pero los niños se negaron a separarse. Se abrazaron, llorando y atemorizados, mirándolo como si él fuera un enemigo.
Sabía que el único culpable de esa situación era él.
Desde que Graciela se casó, no se preocupó de visitarla. Fue una sola vez a la ciudad donde vivía cuando nacieron los niños y ya no volvió más. El trabajo, sus asuntos personales, lo fueron envolviendo y nunca tuvo tiempo para regresar a su casa.
No obstante, ella lo llamaba insistentemente, le preguntaba por sus comidas, lo interrumpía en las reuniones para preguntarle por su vida amorosa. Lo invitaba para Navidad, así como invitaba a su padre, pero esa era la época propicia para asistir a fiestas de negocios, y nunca aceptó,