Capítulo 122 Miedos
En la mansión del viejo Celis, Jonathan caminaba de un lado a otro, con la chaqueta del esmoquin desabrochada y los ojos encendidos de una indignación que ya no podía contener.
Reinaldo, sentado en su sillón de cuero, observaba el ámbar del whisky en su vaso con una calma que resultaba insultante.
—No han regresado aquí; será que están en casa de Leónidas. Él sería capaz de llevarla allí al lado de esa mujer y después de lo que dijo en el banquete.
—No lo sé. No creo que sea