El tiempo había perdido sentido para Mía, quien se mantenía atada a los grilletes que la retenían contra su voluntad en ese horrible lugar. Su cuerpo apenas y se sostenía; para evitar que muriese el Alfa Roran les había ordenado a sus lobos que le dieran un poco de agua de vez en cuando y algo de comer.
Sin embargo, Mía escupía cualquier cosa que intentasen meterle a la boca, así que estaba demasiado débil.
Dentro de ese lugar no sabía si era de día o de noche, pero empezó a deducirlo por la ac