Cuando Mía recuperó la conciencia lo primero que escuchó fue el bajo de la música proveniente de enormes parlantes. Su cabeza daba vueltas, todavía mareada por el efecto del acónito en su cuerpo. Lentamente abrió los ojos y entonces se dio cuenta de que estaba en un lugar oscuro, con luces de colores que iluminaban a su espalda.
Un lobo la ataba con fuerza a una silla, todavía conservaba el vestido azul que Roran le había puesto, pero no entendía nada de lo que pasaba.
—¡¿Qué es esto?! ¡Suéltam