Mía abrió la puerta inmediatamente después de que Dereck se fue por el balcón. Seguía en pijamas y con el cabello desarreglado, cosa que molestó profundamente a su madre.
—¡¿Cómo es que no te has cambiado?!
Solo cuando se lo recriminó fue que cayó en cuenta de que no había tenido tiempo para arreglarse como se lo había pedido.
—¡Oh! ¡Lo siento! Lo olvidé.
—¡Eres una cabeza hueca! ¡Te dije que te quería ver bien presentable antes de que llegara!
—Lo sé, es que… —Mía volteó hacia dentro pensando