CAPÍTULO 37: OBSTINADA

Una visita inesperada había causado la interrupción entre Mía y Damien. El lobo gruñó por lo bajo, pues habían interrumpido un momento íntimo entre los dos, ella estuvo a punto de dejar que la besase y una interrupción así no era algo que pudiese perdonar tan fácil.

Miró a la mujer que ingresó a la habitación con los ojos entrecerrados y una expresión de molestia.

Mía en cambio se sorprendió, aunque no sabía si para bien o para mal.

—Mamá… ¿qué haces aquí?

—¿En serio me lo preguntas?

La señora
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