Una visita inesperada había causado la interrupción entre Mía y Damien. El lobo gruñó por lo bajo, pues habían interrumpido un momento íntimo entre los dos, ella estuvo a punto de dejar que la besase y una interrupción así no era algo que pudiese perdonar tan fácil.
Miró a la mujer que ingresó a la habitación con los ojos entrecerrados y una expresión de molestia.
Mía en cambio se sorprendió, aunque no sabía si para bien o para mal.
—Mamá… ¿qué haces aquí?
—¿En serio me lo preguntas?
La señora