La tensión entre Dereck, Ambrose, Cassandra y Mía se podía cortar con un cuchillo. Cuando todos despertaron y se sentaron alrededor de la fogata para desayunar, había un silencio incómodo en el ambiente que nadie parecía dispuesto a llenar con alguna conversación por banal que fuese.
Después de cinco minutos viéndose las caras mientras comían, Tony rompió el silencio con su particular manera de ser, que distaba mucho de la de su pareja.
—¡Oigan! ¿Por qué no vamos a las cascadas del Mana? —preg