La pequeña choza en la cual Muriel se encontraba se sacudió, sus ojos se abrieron, las velas empezaron a apagarse, la bruja se había puesto de pie inmediatamente, dejando sin culminar aquello que estaba realizando, pero cuando salió se encontró con que todos sus esclavos magos estaban cayendo de rodillas, se agarraban del pecho, sus varitas caen al lado de ellos, la bruja no entendía qué estaba ocurriendo, pero entonces su mente parece procesar algún suceso.
— Muriel Evans, naciste para ser una